Los asturcones se quedan

Liberbank es noticia estos días no por lo financiero, sino por el riesgo de la venta de los fondos de arte pertenecientes a la antigua Caja de Ahorros, patrimonio de todos los asturianos. No pueden ser vendidos y que salgan de Asturias.  Varios colectivos culturales se ha movilizado en defensa de su permanencia en la Comunidad y en contra de que se  manipulen como otro producto bancario más.

Los bienes muebles de arte que poseía Cajastur eran unos 3 mil, proccedían de compras o donaciones de artistas de la altura de Navascués, Orlando Pelayo, Úrculo o Vaquero Palacios.  Aquella entidad sin dueño generaba dineros que iban a parar a inversiones sociales y culturales, estando muy vinculada al bienestar y progreso de la sociedad asturiana y llegando a inversiones anuales de 10 millones de euros para actividades culturales.  Pero ésto fue antes de la crisis, hoy en día, con las fusiones, las SIP y los rescates, se han acabado las ayudas. El carácter fundacional y social ha mutado por sociedades anónimas con lucro y sin ánimo de cultura.

Liberbank surge en 2011  por la fusión de la Cajas de Ahorro de Asturias, Extremadura y Cantabria, quienes aportaron su patrimonio financiero, excluida la obra social. Después de la Ley 26/2013 las Cajas que mejor gestionaron se convirtieron en Fundaciones bancarias, siendo los únicos agentes activos en obra social y cultural. Pero ¿qué pasa con los fondos culturales que eran de la Caja y al integrarse en la entidad bancaria pasaron a sus manos?

La sociedad asturiana  exige que desde los poderes públicos se garantice la estabilidad del acervo cultural de Cajastur, cuya consideración de bien público no debe olvidarse.  El Gobieno ha pedido a la Dirección de Liberbank y a la Fundación Cajastur un inventario de la colección, en base a la estimación de ser patrimonio de los asturianos, con el fin de estudiarlo desde la Consejería de Cultura y decidir sobre su nivel de protección: bien de interés cultural o simplemente inventariarlo en el Patrimonio cultural asturiano.

Si fuera declarado bien de interés cultural, las repercusiones sobre la obra garantizaría en primer lugar la permanencia en Asturias, ya que la obra sería de dominio público (pueden ser de propiedad privada protegida por la Administración) y se necesitaría autorización para cualquier modificación, teniendo además la obligación de facilitar la visita pública pactada y teniendo condición de inseparabales de su entorno e inexportables, siendo ilegal la fuga al extranjero.  La contrapartida de la tutela pública de las obras, conlleva una protección jurídica que supone un privilegio fiscal que continúe cebando las arcas de una institución,  ya privada, que ha preferido enriquecer y repartir las ganancias entre sus nuevos socios. Todo sea con el fin de que hasta los asturcones de broncei, símbolos de la entidad, no se muevan de la Escandalera.

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