eLarte del Aeropuerto

Cuando en un lugar de tránsito se colocan esculturas, pinturas o grabados, la prisa se detiene en favor de sensibilizar a los que pasan.  El antropólogo francés Marc Augé define  a estos sitios de paso como no lugares,  porque carecen de personalidad  e identidad, son lugares circunstanciales  y en ellos las relaciones humanas que se dan son muy artificiales.  Artistas españoles de la segunda mitad del siglo XX: Amadeo Gabino, Amador, Farreras, Orlando Pelayo y otros han dejado su equipaje en la colección permanente de AENA en el aeropuerto de Asturias.

Junto a la puerta principal, La Menina de bronce, de Orlando Pelayo, distribuye a los viajeros en los mostradores de embarque. En esta inmersión del pintor en la escultura reinterpreta grandes obras de arte, en lo que él denominó “reflexiones sobre el pasado”, adaptando a su expresionismo abastracto una menina sin detalles de ropas ni del rostro, de exagerados tirabuzones, que tan sólo comparte con la de Velázquez las formas geométricas triangulares o recturangulares.  Desde 1979 realizó variaciones sobre ella a partir de una figura de plastilina que luego pasó al bronce por el procedimiento de “cera perdida”.

Amadeo rinde homenaje a uno de los padres de la arquitectura. Citando a Le Corbusier es una forma orgánica de dos planos que se cortan, empleando un sencillo material de granito.  Fue realizada en 1982, en plena etapa constructivista de este escultor nacido en Ceuta pero my vinculado a Asturias por sus raíces familiares en Cangas del Narcea. Del mismo año es la escultura exterior adosada a una fachada, en bronce y granito, combinando dos texturas de contraste que a la vez que se mimetizan con el edificio gris.

 

 

 

En el exterior también, la composición Sin título de Amadeo Gabino, del año 1968, cuando ya había sucumbido al constructivismo de formas cubistas, donde importan el volumen y el vacío.  Aquí  el entrelazado de pequeñas piezas metálicas le confiere una ligereza diferente a otras obras que vemos suyas en Gijón.

A pesar del informalismo y abstracción que caracteriza la obra de  Francisco Farreras, la pintura mural que realizo en 1968 perteneciente a esta colección, conserva la figuración en unas casas que se asoman tras unas formas geométricas y un fondo poco definido, todo muy moncrono en su predilecto color ocre que no le abandonaría nunca. Hacía ocho años ya de su selección para la New Spanish painting and Sculpture, en Nueva York, donde expuso junto a los del Paso, grupo del que no formó parte a pesar de tener mucha sintonía.  En este cuadro Sin título, de gran formato, Farreras se aprovecha de su tradición muralista y de obras al fresco y precede a la que realizará dos décadas después en Barajas.

El aeropuerto hace un guiño a los más pequeños con el madreñogiro, el tradicionl medio de transporte asturiano, que Luis Fernández realizó en 1994 para conmemorar la llegada de Pinín hace 50 años, una enorme madreña y hélice, con la que se viajaba por los comics de toda Aturias

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