Desde la Muyerona

El bronce de La madre del emigrante se queda mirando hacia el Cantábrico y reteniendo toda la nostalgia en su frágil figura tan plegada como el paisaje rocoso del inmediato parque de la Providencia.  Obra de Ramón Muriedas, fue colocada en la zona en 1970 y desde allí ha visto cómo se asentaban cerca esculturas que han cambiado el perfil del paseo marítimo y distanciado de la estatuaria tradicional.

El espacio urbano se hace museo abierto al público, donde se plasma el interés de unos escultores por lo conceptual, por el geometrismo y por lo puramente plástico. En pleno acantilado del Cervigón, el Cantu los díes fuxíos se adapta a un suelo irregular con sencillez y perfección, la instalación de nueve bloques con platos de Adolfo Manzano evocan una morada de mármol donde descansar y, si acaso, presenciar la ira de Neptuno.

 

 

 

 

 

El interés por el estudio de la forma en el espacio y por experimentar con los nuevos materiales de la industria, como el acero, son el germen de piezas geométricas donde los espacios vacíos también conforman la materia. Cuando se pone el sol, en el mayán de tierra, se encandecen de rojo fuego las cuatro chapas de acero cortén, Sombras de luz, que Fernando Alba orientó hacia los puntos cardinales, con la intención de filtrar la luz a través del plano.  Las placas enfrentadas de Amadeo Gabino homenajean a Galileo Galilei y para Pepe Noja, la solidaridad tiene forma de eslabón cilíndrico que ancla en la tierra y abre hacia el cielo.

Entretanto otros artistas están más preocupados por los problemas físicos que plantean los campos magnéticos, la estabilidad y el movimiento, que por la elección del material, es el caso de Herminio y sus Equilibrios inestables. O por indagar en un lenguaje enigmático entre lo figurativo y lo abstracto de Miguel Angel Lombardía, cuya forma imprecisa de bronce del pasiaje germinador ha sido trabajada como si fuera barro.

 

La madre del emigrante fue la primera escultura de lenguaje moderno y tras ella vinieron todas las demás, abstractas, contemporáneas, remarcadoras de la soledad de esta mujer en la despedida. Conocida como La muyerona, no es despectivo, es un apodo femenino de una obra cuya azarosa historia merece ser contada en otro aparte.

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